Pues sí.
Agárrame bien el pilón y la maceta, que te los destripo en na’. 😂
Porque resulta que el mofongo —ese plato que uno mira y automáticamente piensa en Puerto Rico— tiene su propio día: el 24 de septiembre.
Y no, no estamos hablando de una fiesta nacional decretada por el Gobierno de Puerto Rico ni de que cierren las oficinas para que todo el mundo se vaya a comer un mofongo relleno de camarones.
La celebración conocida como National Mofongo Day comenzó en 2021 por iniciativa del chef puertorriqueño José Mendín y quedó establecida para celebrarse cada 24 de septiembre.
Pero espérate.
Porque el día podrá ser reciente.
El mofongo no.
La historia del mofongo cuenta, a su manera, parte de la historia de Puerto Rico. Su origen nos lleva a África y a preparaciones relacionadas con el fufú de África occidental y central, donde distintos alimentos ricos en almidón se majan utilizando un mortero. Con el paso del tiempo, aquellas técnicas culinarias viajaron al Caribe y se encontraron con otros ingredientes, pueblos y tradiciones.
En Puerto Rico ocurrió algo que ha pasado muchas veces en nuestra cocina: influencias africanas, indígenas y españolas terminaron encontrándose y transformándose hasta producir algo con identidad propia.
Y nosotros hicimos lo que los puertorriqueños llevamos siglos haciendo: cogimos toda aquella historia, la metimos en un pilón y terminamos haciendo algo nuestro.
Eso es el mofongo.
Tan nuestro llegó a ser que cuando alguien ve aquella montaña de plátano majado con ajo y chicharrón difícilmente pregunta:
“¿Eso será sueco?” 😂
No, mi hermano.
Eso huele a Puerto Rico.
Y esto tampoco comenzó ayer. Una referencia histórica importante aparece en 1859, en El Cocinero Puerto-Riqueño o Formulario, uno de los primeros recetarios vinculados a la cocina puertorriqueña, donde aparece una preparación llamada mofongo criollo.
Aquel mofongo no era exactamente igual al que hoy llega a nuestras mesas. Los plátanos verdes se cocinaban y se majaban en mortero, formando grandes bolas que se acompañaban con un caldo de carnes y condimentos. Con el tiempo, como ocurre con tantas recetas tradicionales, el mofongo fue evolucionando hasta llegar a las muchas versiones que conocemos hoy: con ajo, chicharrón, caldo, relleno de pollo, camarones, churrasco, carne frita y cuanta cosa sabrosa alguien haya decidido meterle.
Es decir, hasta el mofongo ha recibido actualizaciones.
Mofongo 1.0, 2.0… y después alguien lo rellenó de churrasco y se jodió esto. 😂
Pero aquí viene la verdadera pregunta.
¿Por qué queremos tanto al condenado mofongo?
Hay comidas que simplemente alimentan. Y hay otras que terminan cargando parte de la identidad de un pueblo.
Háblale mal del mangú a un dominicano y mira cómo cambia la conversación.
Dile a un mexicano que los tacos no son gran cosa y quizás sea mejor que tengas el Uber esperando afuera.
Hay platos que se meten tan profundamente en la cultura de un pueblo que hablar mal de ellos se siente casi como faltarle el respeto a la madre. 😂
Y nosotros los boricuas tenemos los nuestros.
Arroz con gandules, pasteles, lechón, alcapurrias…
Pero hay algo especial con el mofongo.
Quizás porque el mofongo tampoco es delicado. Aquí hay que pelar. Hay que freír. Hay que majar. Hay que darle a esa maceta contra el pilón con ganas. Ajo por aquí, chicharrón por allá y un poquito de caldo si hace falta.
Y cuando aquello está listo…
mire, no me venga a hablar de dieta ahora.
Mañana caminamos. 😂
Y precisamente ahí entra otra historia. Una mucho más reciente y bastante personal.
Cuando me vino a la mente esta creación divina —porque déjenme echarme flores yo mismo— llamada Planeta Boricua, 😂 sabía más o menos lo que quería crear.
Un lugar para lo nuestro.
Nuestra cultura. Nuestra gente. Nuestras historias. Nuestros artesanos. Los que están en Puerto Rico y los que un día hicieron una maleta y terminaron en Florida, Nueva York, Ohio, Texas o cualquier otra parte del mundo.
Pero sentía que faltaba algo.
Un slogan.
Y ahí empezó el revolú dentro de mi cabeza.
Más boricua que el coquí…
Mmm.
Más boricua que la bandera…
No.
Más boricua que esto… más boricua que aquello…
Nada me cuadraba.
Hasta que en algún momento fue como si mi propio cerebro me gritara:
“¡Coño, despierta, boricua! ¡La tengo!”
Más Boricua Que Un Mofongo.
¡Esa era!
No había que escribir tres párrafos para explicarla. Un boricua la lee y la entiende.
Tiene orgullo, pero también tiene vacilón. Tiene cultura sin ponerse corbata. Y representa perfectamente lo que quería que fuera Planeta Boricua: algo nuestro que podamos reconocer dondequiera que estemos.
Porque puedes sacar al boricua de Puerto Rico.
Puede llevar veinte o treinta años viviendo en Orlando, Nueva York, Chicago, Texas o donde la vida lo haya llevado.
Pero si lo sientas frente a un buen mofongo…
vamos a ver cuánto tarda en salir el:
“Acho, esto sí está cabrón.” 😂🇵🇷
Así que sí. Cada 24 de septiembre se celebra el Día Nacional del Mofongo.
Pero nosotros no necesitábamos que alguien marcara una fecha en el calendario para saber lo que significa.
Porque mucho antes de tener un día, el mofongo ya tenía historia.
Tenía África. Tenía Caribe. Tenía Puerto Rico. Tenía pilón. Tenía familia. Tenía fondas, restaurantes y cocinas donde todavía alguien pregunta:
“¿Lo quieres de pollo, camarones, churrasco o carne frita?”
Y tenía algo que ningún calendario puede crear:
pertenencia.
Quizás por eso, cuando llegó el momento de ponerle apellido a este proyecto, no terminé escogiendo el coquí, ni la bandera, ni ninguna frase complicada.
Escogí algo que cualquier boricua puede entender hasta con hambre:
Más Boricua Que Un Mofongo. 🇵🇷
Y ahora que sé que hasta tiene su propio día…
coño, mejor nombre no pude haber escogido. 😂
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