Una de las cosas que puede sorprender a un boricua cuando llega a Estados Unidos por primera vez no está en Disney, ni en Universal, ni hace falta comprar boleto para verla. Está en la gasolinera.
Hace un tiempo recibimos en Florida a una familia que venía de Puerto Rico a pasar unos días con nosotros. Era la primera vez que viajaban fuera de la isla y, como no tenían mucho interés en los parques temáticos, decidimos enseñarles otros lugares de Florida Central.
Ellos no toman bebidas alcohólicas, pero comen. Y toman café con cojones. 😂☕
Durante aquellos viajes paramos en diferentes gasolineras y tiendas de conveniencia, entre ellas RaceTrac, Wawa y 7-Eleven. Lo que yo no sabía era que uno de mis panas, cafetero full, aparentemente había comenzado una investigación científica sin informarnos.
El hombre estaba probando el café de cada gasolinera. En algún momento ya tenía mentalmente su propia encuesta: cuál estaba mejor, cuál estaba más fuerte y a cuál había que volver.
No voy a revelar el ganador porque aquí nadie me está pagando publicidad. 😂 Bueno… está bien. Se volvió loco con el café de 7-Eleven.
Desde ese momento, cada vez que veía un 7-Eleven quería parar a comprar café. Pero el problema —o quizás la maravilla— era que entraban buscando café y salían con donas, alitas, mantecado o cualquier otra cosa que encontraran por el camino.
Hasta que uno de aquellos días les dio con comprar una pizza de 7-Eleven.
Aquí tengo que hacer una confesión. Mi esposa y yo somos pizza lovers full, pero hasta ese momento jamás habíamos comprado una pizza en una gasolinera. Si queríamos pizza, íbamos a un restaurante o la pedíamos en alguna de esas cadenas que todos conocemos. Porque seamos sinceros: uno ve una gasolinera y no necesariamente piensa: “Contra, aquí debe haber una pizza brutal.” 😂
Pues nos sentamos con ellos a probarla y se jodió la cosa. Nos gustó. Pero nos gustó de verdad. 😂🍕
Tanto así que aquella familia regresó a Puerto Rico y nos dejó a nosotros con una nueva costumbre. Ahora muchos sábados en casa son de pizza de 7-Eleven.
Compramos la que sea. Hemos conseguido pizzas desde alrededor de ocho dólares y, por lo menos en mi experiencia, termino satisfecho sin sentirme demasiado lleno y sin la acidez que algunas otras pizzas me provocan. Y hay otro pequeño detalle que mi bolsillo agradece: no termino gastándome cuarenta pesos en pizza. 😂
Mira qué clase de cosa. Ellos vinieron de Puerto Rico para que nosotros les enseñáramos Florida y terminaron enseñándonos dónde comprar pizza los sábados. Eso no estaba en el itinerario turístico.
Pero la historia no terminó cuando regresaron a Puerto Rico.
Como a las dos semanas me llama mi pana y me dice: “¿Sabes que encontré una gasolinera en Barceloneta que tiene de todo?”
Yo no podía creerlo. 😂 El hombre se había llevado la fiebre para Puerto Rico.
Ahora anda pendiente de las gasolineras de la isla, mirando qué café tienen, qué venden para comer y cuál merece otra parada. La encuesta que comenzó durante sus vacaciones en Florida aparentemente se convirtió en un proyecto internacional. Ya en confianza le tenemos nombre: The Gas Station Review Man. 😂☕⛽
Lo mejor es que ellos vinieron a Florida pensando que nosotros les íbamos a enseñar cosas nuevas y terminaron regresando a Puerto Rico mirando las gasolineras con otros ojos. Y de paso nos dejaron a nosotros comprando pizza de 7-Eleven los sábados. Al final nadie sabe quién estaba de vacaciones de quién. 😂
Y ahí fue cuando me puse a pensar que para alguien que viene por primera vez de Puerto Rico, algunas gasolineras estadounidenses pueden convertirse casi en una atracción turística.
Porque entras y encuentras café, pizza, alitas, hot dogs, donas, helados, cerveza, refrescos, comida preparada, hielo, artículos para el carro… ahhh, sí. Y gasolina. También venden gasolina. 😂⛽
Pero todavía existe otro nivel. Una cosa es parar en un 7-Eleven, RaceTrac o Wawa y otra es encontrarte en carretera con uno de esos grandes travel stops, como Love’s o Pilot, diseñados para atender a personas que pasan muchas horas viajando.
Ahí la cosa cambia. Además de combustible, comida y café, algunas de estas grandes paradas de carretera tienen restaurantes, estacionamiento para camiones y vehículos recreativos, lavandería y hasta duchas privadas.
Sí. Puedes bañarte en una gasolinera. 😂
Cuando lo piensas desde la perspectiva de un camionero que lleva horas recorriendo las carreteras del país, todo comienza a tener sentido. Una parada de viaje no es simplemente un lugar para llenar el tanque. Puede ser el sitio donde come, descansa, se baña, compra lo que necesita y continúa su ruta.
Pero para el boricua que acaba de llegar de Puerto Rico y solamente entró buscando un café, aquello puede parecer otro mundo.
Claro que en Puerto Rico también tenemos gasolineras con tiendas, comida, café y cada vez más servicios. Mi pana encontró la prueba en Barceloneta apenas regresó. 😂 La diferencia que nos llamó la atención durante aquellos viajes fue la variedad y el tamaño que pueden alcanzar algunas de estas paradas en Estados Unidos, especialmente cuando uno sale a carretera.
Y quizás esa sea la parte más divertida de viajar o mudarse fuera de Puerto Rico. Uno piensa que las diferencias culturales van a aparecer solamente en las grandes cosas, pero muchas veces aparecen donde menos las esperas.
En nuestro caso aparecieron entre una taza de café, unas alitas y una pizza de gasolinera.
Los lovebugs fueron una de esas pequeñas sorpresas. Las gasolineras son otra cosa. Y todavía nos quedan unas cuantas. 😂🇵🇷
Así que si vienes de Puerto Rico y entras por primera vez a una de estas gasolineras grandes, no te sorprendas si encuentras café, pizza, alitas, helados, restaurantes y hasta duchas. Solamente recuerda para qué habías parado originalmente.
Ahhh, sí… gasolina. 😂⛽🇵🇷






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