De Bad Bunny al mierdero político: Puerto Rico, un año después
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De Bad Bunny al mierdero político: Puerto Rico, un año después

Hace un año, Puerto Rico invitaba al mundo a celebrar con Bad Bunny. Hoy la isla vuelve a ser noticia, pero por la falta de agua, el sistema eléctrico y un gobierno metido en un revolú político. ¿Qué carajo pasó en apenas un año?

Publicado 16 de agosto de 2026, 8:46 a. m. · Redacción Planeta Boricua

Hace un año el mundo entero miraba a Puerto Rico por una razón que daba orgullo. Bad Bunny decidió hacer su residencia No me quiero ir de aquí en el Coliseo de Puerto Rico y convirtió la isla en el centro de la música latina. Llegaron fanáticos de distintos lugares, se llenaron hoteles, restaurantes y negocios, y por unas semanas Puerto Rico enseñó lo mejor que tiene: cultura, talento, alegría y una identidad que no necesita pedir permiso.

Aquello no fue solamente un concierto. Fue una invitación al mundo: ven a Puerto Rico, quédate aquí, come aquí, compra aquí y celebra con nosotros.

Y los datos lo confirman. Visa informó que durante los fines de semana analizados de la residencia el gasto total en San Juan aumentó cerca de 20% frente al mismo periodo del año anterior. El gasto de visitantes internacionales subió más de 35%. En comida aumentó 75%, mientras alojamiento y ropa crecieron más de 30%. El 1 de agosto de 2025, cuando comenzaron las funciones abiertas a visitantes internacionales, fue el día de mayor gasto del verano en San Juan: 50% por encima del promedio de la temporada.

Eso ocurrió hace apenas un año.

Hoy Puerto Rico vuelve a aparecer ante el mundo, pero por un cuadro completamente distinto: gente desesperada sin agua, racionamientos de 48 horas, un sistema eléctrico que sigue dando tumbos y un gobierno metido en peleas, renuncias y contradicciones.

Y sí, esto está cabrón. Porque una cosa es enfrentar una sequía, algo que ningún gobernador controla, y otra muy distinta es llegar a la emergencia con sistemas frágiles, mantenimiento atrasado y una población que lleva años pagando las consecuencias. Reuters informó que casi 68% de Puerto Rico estaba bajo condiciones de sequía y que San Juan tuvo el julio más seco registrado. Esa es la parte climática. Pero la preparación, el mantenimiento, la comunicación y la respuesta sí son responsabilidad del gobierno.

Hay familias que abren la pluma y no sale nada. Personas mayores cargando galones. Gente comprando agua, pagando lavandería y reorganizando su vida alrededor de un servicio básico. Mientras tanto, todavía hay que pagar la factura. Ese es el cagadero que vive el ciudadano común.

En energía tampoco hay tranquilidad. Puerto Rico sigue sufriendo apagones y una red inestable. El gobierno busca cancelar el contrato de LUMA y LUMA respondió con una contrademanda. El pueblo queda otra vez en el medio de una pelea multimillonaria, pero es quien termina cocinando a oscuras, perdiendo comida y preguntándose cuándo volverá la luz.

A eso se suma el revolú político. El entonces secretario de Desarrollo Económico, Sebastián Negrón Reichard, renunció denunciando interferencia del gobierno; más de diez funcionarios de liderazgo también salieron. Dentro del propio PNP han sobrado choques y reclamos públicos. En vez de proyectar control y dirección, lo que se ve desde afuera es un mierdero.

Ahora, seamos justos: Jenniffer González no creó en un año todos los problemas del agua, la energía ni la infraestructura. Muchos vienen de décadas de abandono, mala administración y gobiernos de distintos partidos. Pero tampoco llegó ayer a la política.

Según la historia oficial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, fue representante en Puerto Rico desde 2002 hasta 2016, presidenta de la Cámara de 2009 a 2012, portavoz de minoría de 2013 a 2016 y comisionada residente en Washington desde 2017 hasta enero de 2025. Luego asumió como gobernadora. Para 2026 lleva alrededor de 24 años metida en el gobierno.

Por eso no se puede vender la idea de que heredó una sorpresa que nadie conocía. Ella sabía cómo estaba el sistema eléctrico. Sabía los problemas de la Autoridad de Acueductos. Sabía lo que significaba gobernar una isla con infraestructura vieja y agencias llenas de deudas y política partidista. Corrió para gobernadora sabiendo todo eso.

Y ahí es donde me encojona la cosa. Porque el pueblo no necesita otra explicación elegante de por qué nada funciona. Necesita agua en la pluma, luz estable y funcionarios que trabajen sin convertir cada agencia en una guerra interna.

Esto no lo digo yo, Iván Soto, ni se lo inventó Planeta Boricua. Son datos verificables. Como dice Jay Fonseca: los datos son los datos. La opinión puede ser nuestra; los hechos, no.

La comparación duele porque demuestra las dos caras de Puerto Rico. Hace un año la cultura boricua logró lo que millones en campañas publicitarias intentan conseguir: puso a la isla frente al mundo, llenó aviones, hoteles, restaurantes y calles, y movió la economía. Hoy el gobierno proyecta otra imagen: improvisación, servicios básicos que fallan y políticos fajados entre ellos mientras la gente resuelve como puede.

Puerto Rico no necesita que lo salven desde afuera. Ya vimos lo que nuestra cultura, nuestra gente y nuestros artistas pueden lograr. Lo que hace falta es que quienes gobiernan estén a la altura del país que dicen representar.

Bad Bunny demostró que Puerto Rico puede llenar aviones, hoteles y calles. Ahora el Gobierno tiene que demostrar que puede mantener abiertas las plumas y encendidas las casas. Porque promocionar la isla es fácil. Gobernarla bien es donde se ve quién sirve y quién no.

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