Los Temas del Balcón — Planeta Boricua
🇵🇷 Cultura Puertorriqueña

El 23 de septiembre: el día que pudo ser la fiesta más grande de Puerto Rico

📅 11 de junio de 2026✍️ Ivan Soto⏱️ 5 min de lectura📖 924 palabras





El 23 de septiembre: el día que pudo ser la fiesta más grande de Puerto Rico


El 5 de mayo, las coronitas salen solas.

No importa si estás en Los Ángeles, en Chicago, en cualquier ciudad de Estados Unidos con una cantidad razonable de restaurantes mexicanos — el Cinco de Mayo se celebra con una energía que desborda fronteras y que, honestamente, tiene poco que ver con la historia real de esa batalla y mucho que ver con el orgullo de un pueblo que sabe celebrarse.

El 27 de febrero, los dominicanos no necesitan recordatorio. La Presidente está fría, el orgullo está encendido y la música está lista antes de que caiga la noche.

El 4 de julio — Budweiser, hamburguesas, hot dogs, fuegos artificiales que se ven desde tres estados — es la celebración más organizada, más ruidosa y más comercialmente productiva del año en este país.

Cada pueblo tiene su día. Su momento de decir esto somos y celebrarlo sin pedir explicaciones.

En Puerto Rico… pudimos haber tenido uno igual.

Cada 23 de septiembre.

Con ron caña, lechón asado, y sabrá Dios qué más hubiera inventado el pueblo boricua si le hubieran dado la ocasión.


La madrugada que casi lo cambió todo

El 23 de septiembre de 1868, en Lares, un grupo de puertorriqueños liderados por Ramón Emeterio Betances se levantó contra el dominio español con una idea que entonces sonaba imposible y que hoy sigue resonando:

Ser libres. Ser nación. Ser Puerto Rico.

Tomaron el pueblo. Declararon la República de Puerto Rico. Por un instante — breve, imperfecto, finalmente sofocado por las autoridades coloniales — la isla dejó de ser colonia en pensamiento y en acción.

No duró mucho. Pero fue suficiente para cambiar algo que no se puede revertir: la conciencia de que era posible imaginarlo.

Y eso — la posibilidad imaginada — es a veces más poderoso que la victoria misma.


¿Y si la historia hubiera sido diferente?

Imagínalo por un momento.

Calles llenas de banderas. Música en cada esquina — bomba, plena, salsa, reguetón, todo a la vez porque Puerto Rico no elige entre sus géneros, los celebra todos simultáneamente. Familias reunidas sin necesitar una ocasión especial más allá de hoy es nuestro día.

Un Puerto Rico celebrando su identidad con la misma energía con que México celebra el Cinco de Mayo, con que República Dominicana celebra el 27 de febrero, con que Estados Unidos llena el cielo de fuegos artificiales cada julio.

Esa fiesta — con lechón asado y arroz con gandules y frituras y todos los dulces típicos que el pueblo inventaría para la ocasión — existió en potencia esa madrugada de septiembre de 1868.

La historia tomó otro rumbo.

Y sin embargo, el 23 de septiembre existe. Se conmemora. No con la escala comercial del 4 de julio americano, pero con algo que quizás es más difícil de fabricar — con memoria, con respeto, con la conciencia de que algo importante pasó ahí.


Lares: donde la historia vive aunque no haya fuegos artificiales

En Lares, cada 23 de septiembre hay actos culturales, música típica, historia contada en voz alta para que las nuevas generaciones la escuchen. No es una celebración comercial. No hay presupuesto de marketing ni patrocinadores corporativos.

Es memoria activa.

Y en el Planeta Boricua — donde hablamos de identidad boricua desde todos los rincones del mundo donde hay un puertorriqueño viviendo su vida — ese tipo de memoria importa más de lo que parece.

Porque las culturas que olvidan su historia no desaparecen de repente. Se van diluyendo lentamente, sin que nadie note el momento exacto en que algo se perdió. Y las culturas que la recuerdan — que la cuentan, que la celebran, que la pasan de generación en generación aunque no haya fuegos artificiales de por medio — esas perduran.

Los boricuas somos más boricuas que un mofongo precisamente porque llevamos esa historia adentro aunque a veces no sepamos exactamente cómo llegó hasta ahí.


Más allá de la política

Este artículo no es sobre independencia ni sobre estadidad ni sobre ninguna posición política particular.

Es sobre algo más simple y más profundo que cualquier bandera partidista.

Es sobre el hecho de que Puerto Rico es una isla hermosa con una historia extraordinaria, con una cultura que ha viajado por el mundo y se ha mantenido reconociblemente ella misma, con una gente que sabe celebrar y sabe resistir y sabe encontrar alegría en medio de las circunstancias más difíciles.

Y eso — independientemente de lo que cada quien piense sobre el futuro político de la isla — es motivo suficiente para celebrar.

Quizás no tengamos fuegos artificiales cada 23 de septiembre. Quizás la fiesta que pudo haber sido nunca llegue a existir de esa manera.

Pero tenemos historia. Tenemos identidad. Tenemos el orgullo de llevar a Borikén adentro desde cualquier rincón del Planeta Boricua.

Y eso no necesita permiso para celebrarse.

Porque ser boricua no debería ser lo que nos divide.

Debería ser siempre — siempre — lo que nos une. 🇵🇷


💬 ¿Cómo conmemorarías tú el 23 de septiembre si fuera una celebración nacional?

Te leemos en los comentarios. Y comparte este artículo con otro boricua que ame la historia de la isla.

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