viernes, 16 de enero de 2026

¿Y si me voy pa’ la isla?


 


El deseo del regreso y la dura realidad

Puerto Rico no solo se lleva en el corazón.
Muchas veces se lleva en el pensamiento constante de regresar.

La idea aparece de repente, casi siempre acompañada de una frase que se repite entre boricuas que viven fuera de la isla:
“Algún día vuelvo. Algún día me voy pa’l campo.”

Pero, ¿qué pasa cuando el corazón quiere volver y la cabeza dice: aguanta?


El sueño del regreso

Para muchos boricuas en la diáspora, regresar a Puerto Rico representa calma, pertenencia y raíces.
Es despertarse con el canto del coquí, tomar café en el balcón, sentir la brisa, hablar sin explicaciones y volver a estar “en casa”.

El regreso se imagina como un reencuentro con lo esencial.
Con lo simple.
Con lo nuestro.

Pero ese sueño casi siempre viene acompañado de preguntas difíciles que no se pueden ignorar.


La realidad que pesa

Puerto Rico es un lugar profundamente hermoso, pero también complejo.
Quienes consideran regresar saben que la vida en la isla no se sostiene solo con amor o nostalgia.

La fragilidad de los servicios esenciales —energía, agua, salud, educación, transporte y seguridad— forma parte de la conversación diaria.
No como exageración, sino como experiencia vivida.

A esto se suma el costo de vida, la inestabilidad económica y la sensación constante de que muchas cosas funcionan a medias, o solo para algunos.

Volver no es solo un cambio de dirección en el mapa.
Es una decisión que impacta la calidad de vida, la salud mental y la seguridad de una familia entera.


El dilema emocional

Ahí es donde nace el conflicto.

El corazón insiste.
La lógica cuestiona.

Y no es falta de amor por Puerto Rico.
Al contrario: muchas veces duele tanto, que duele más imaginar el regreso y sentir que la isla no siempre ofrece las condiciones necesarias para vivir con tranquilidad.

Amar a Puerto Rico también es reconocer lo que no está bien.
Es exigir que la gente no tenga que irse para vivir con dignidad.
Es negarse a romantizar el sacrificio como si fuera normal.


Pensar el regreso con los ojos abiertos

Regresar a la isla sigue siendo posible para muchos, pero no debe hacerse a ciegas.

Pensar el regreso implica:

  • informarse

  • planificar

  • entender los retos reales

  • prepararse emocional y económicamente

No todo regreso es inmediato.
No todo regreso tiene que ser definitivo.
A veces, el vínculo con la isla se sostiene de otras maneras.


La diáspora también construye

Estar fuera no significa desconectarse.

Desde la diáspora también se puede:

  • apoyar proyectos y negocios locales

  • invertir de forma consciente

  • visibilizar problemas sin maquillaje

  • educar a otros sobre Puerto Rico con contexto y honestidad

La diáspora no es ausencia.
Es otra forma de pertenecer.


En Planeta Boricua creemos…

Que el regreso no debe ser una fantasía ni una renuncia.
Debe ser una decisión informada, responsable y humana.

Creemos que no hay lugar como Puerto Rico.
Pero también creemos que no hay regreso más duro que aquel que se hace sin planificación, sin apoyo y sin reconocer la realidad.

Este espacio existe para pensar esas contradicciones con calma.
Para hablar sin romantizar.
Para amar sin negar.

Porque ser boricua no siempre es sencillo,
pero siempre es profundo.

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