
El Balcón · Sabor boricua
Del colador de tela al barista: el verdadero ritual del café boricua
¿Pensando bajar a Puerto Rico? 🇵🇷Busca opciones de alojamiento para tu próximo viaje.Hay olores que uno reconoce antes de abrir los ojos. Para muchos boricuas, uno de ellos es el café recién colado. Si aquel aroma llegaba desde la cocina temprano en la mañana, no hacía falta mirar el reloj: alguien estaba despierto y el día había comenzado.
En algunas casas se utilizaba la greca, en otras la cafetera y en muchas cocinas de antes estaba aquella famosa manga o colador de tela. Con los años cogía un color bastante sospechoso, pero cuidado con que alguien intentara cambiarla porque siempre aparecía quien dijera: “Déjala quieta, que ahí es que está el gusto.”
Porque el café boricua nunca fue solamente una bebida para despertarnos. Era desayuno, sobremesa, visita y conversación. Alguien llegaba a la casa y tarde o temprano escuchaba: “¿Te cuelo un cafecito?” Aquello muchas veces ni siquiera era una pregunta; era nuestra manera de decir: siéntate, quédate un rato.
Abuela era una barista Brutal
Hoy entramos a una cafetería y hablamos de espresso, latte, cappuccino, cold brew, temperatura, molienda y tiempo de extracción. Y está muy bien. Preparar un buen café tiene técnica y los buenos baristas merecen reconocimiento.
Pero mucho antes de que muchos supiéramos qué carajo significaba barista, ya teníamos una en casa.
Abuela. Y la mía era una barista del carajo.
No tenía balanza digital ni termómetro. Preguntaba cuántos querían, miraba la olla y calculaba todo utilizando uno de los sistemas de medición más antiguos de Puerto Rico:
“A ojo.”
¿Y cuánto exactamente significa “a ojo”? Nadie sabe. Pero ella sí sabía y, misteriosamente, casi siempre alcanzaba para todo el mundo.
¿Cómo se hacía el café con el colador?
Aquí cada familia tendrá su propia versión y no pienso comenzar una guerra nacional por la manera correcta de colar café. Yo solamente puedo contar cómo lo recuerdo en casa.
Se ponía el agua a hervir y, cuando llegaba al punto, se añadía el café molido directamente al agua caliente. Luego se colocaba el colador de tela sobre otra olla y se pasaba la mezcla lentamente. La tela retenía el café molido mientras abajo caía el café preparado.
Nada de cápsulas, botones ni pantallas. Agua, café, dos recipientes, un colador y experiencia.
Si quieres probarlo actualmente, puedes hacerlo con un colador de tela moderno. No son necesariamente aquellos mismos coladores que recordamos de casa de abuela, pero hacen la función. Con las cantidades recomiendo comenzar siguiendo las instrucciones del café que utilices y después ajustarlo a tu gusto.
O puedes hacerlo “a ojo”.
Pero ahí estás por tu cuenta.
Cuando el café te lleva de regreso a Puerto Rico
Para quienes vivimos fuera de la isla, el café tiene otro poder. Puedes estar en Florida, Nueva York, Chicago o a miles de millas de Puerto Rico y abrir un paquete de café boricua. Cuando el aroma comienza a llenar la cocina, por unos segundos uno regresa.
A la cocina de mamá. Al balcón de los abuelos. A una mañana lluviosa. Quizás incluso a la voz de alguien que ya no está.
Ahí entendemos que la nostalgia no siempre necesita fotografías. A veces cabe completa dentro de una taza de café.
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No voy a prometer que vaya a saber exactamente como el de abuela. Eso sí sería publicidad engañosa. 😂 Pero quizás cuando aquel café caliente pase por la tela y el aroma llene la cocina, algo te resulte familiar.
El verdadero ritual nunca estuvo en la máquina
No tenemos que escoger entre el colador de tela y una máquina de espresso, ni entre abuela y el barista moderno. Las culturas cambian y el café también.
Lo que vale la pena conservar es aquello que ocurría alrededor de la taza: sentarnos, conversar, recibir a una visita y detener el corre y corre aunque fuera por quince minutos.
Quizás por eso aquel café todavía sabe tan bueno en nuestros recuerdos. No era solamente lo que había dentro del pocillo.
Era con quién lo compartíamos.
Así que la próxima vez que prepares café, utiliza la máquina que quieras. Pero si llega alguien mientras lo estás haciendo, recuerda aquella vieja costumbre boricua:
“¿Te cuelo uno?”
Y sigo manteniendo lo dicho:
Mi abuela era una barista del carajo. 🇵🇷☕
¿Cómo preparaban el café en tu casa? Te leemos en comentarios, Esas pequeñas historias también forman parte de Puerto Rico.
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